El alarmante aumento de las infecciones de transmisión sexual: una llamada urgente a la responsabilidad sexual
Hola, mis queridos Onfollowers:
El motivo de este post es sumamente importante. Me preocupa y, al mismo tiempo, me hace sentir una gran responsabilidad de implicación para poner atención sobre este tema. En la última década se ha observado un aumento significativo de las infecciones de transmisión sexual (ITS) en la Unión Europea, destacando también los datos registrados en España.
El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) ha mostrado cifras alarmantes: desde 2015 se ha producido un incremento del 303 % en los casos de gonorrea y una duplicación de los diagnósticos de sífilis.
Como siempre he defendido, las personas del ambiente liberal no somos las culpables de esta situación. De hecho, dentro de las no monogamias éticas suele existir una preocupación especial por el cuidado, la prevención y la responsabilidad compartida. No obstante, más adelante destacaré algunos aspectos que he observado en clubes y espacios liberales. Antes de ello, me gustaría hablar de las causas generales que señalan los expertos.
Causas del repunte según expertos sanitarios y análisis del ECDC
- Menor uso del preservativo, especialmente entre jóvenes y en encuentros sexuales casuales.
- Cambios sociales, con un aumento del número de parejas sexuales y el impacto de las aplicaciones de citas.
- Diagnóstico tardío o inexistente. La reducción de los cribados preventivos ha provocado que muchas infecciones pasen desapercibidas y continúen transmitiéndose.
A continuación, analizaré estos tres puntos desde mi perspectiva profesional, mi experiencia en consulta y la observación realizada a lo largo de mi práctica.
Es una realidad que el preservativo ha dejado de utilizarse en gran medida. Aunque las estadísticas suelen señalar principalmente a la población joven, yo observo esta tendencia en una franja de edad mucho más amplia, desde los treinta años hasta los cincuenta y más. En este caso me refiero específicamente al ambiente liberal.
Lamentablemente, muchas personas deciden otorgar un supuesto «voto de confianza» cuando alguien afirma estar sano. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. En otros casos, el consumo de sustancias, ya sea alcohol u otras drogas, dificulta mantener una atención plena sobre los juegos y prácticas que se están llevando a cabo. Esto puede favorecer un consentimiento más flexible, una disminución de la capacidad de negociación y una pérdida de atención respecto a los propios límites y medidas de protección.
Desde mi perspectiva, uno de los fenómenos que más confusión ha generado —a pesar de tratarse de una herramienta extraordinariamente valiosa para la prevención del VIH— es la llegada de la PrEP (profilaxis preexposición). Se trata de un tratamiento altamente eficaz para personas sin VIH que tienen riesgo de exposición al virus. Sin embargo, no protege frente a otras infecciones de transmisión sexual.
Conozco numerosos casos de personas que consideran que tomar PrEP les exime de utilizar preservativo y les permite mantener relaciones sin barreras de protección. Algunas incluso expresan con orgullo que la utilizan precisamente para poder hacerlo con mayor libertad. Es aquí donde considero que estamos ante una interpretación errónea y peligrosa. Quizá no perciban el riesgo para sí mismas, pero sí están aumentando el riesgo de transmisión para todas las personas con las que se relacionan.
En cuanto a los cambios sociales y al aumento del número de parejas sexuales, es innegable que las aplicaciones de citas han transformado la forma de relacionarnos. Han facilitado el acceso a encuentros con distintos objetivos, no necesariamente centrados en el sexo casual. Sin embargo, aunque algunos estudios relacionan esta realidad con el aumento de las ITS, esto no debería convertirse en una causa directa del problema. El número de parejas no es, por sí mismo, el factor determinante; lo es la ausencia de medidas preventivas. El preservativo debería seguir siendo un requisito básico e innegociable cuando no existe un acuerdo explícito sustentado en pruebas diagnósticas recientes y confianza mutua.
Respecto al diagnóstico, nos encontramos ante una problemática importante. En mi libro dedico un capítulo completo a las infecciones de transmisión sexual y a la importancia de realizar analíticas periódicas, idealmente cada tres meses, en personas sexualmente activas dentro del mundo swinger o liberal, incluso cuando utilizan barreras de protección.
Todavía existe una importante carencia de educación sexual, y no solamente entre niños y adolescentes. Los adultos también necesitamos actuar con mayor responsabilidad y conocimiento. Muchas infecciones de transmisión sexual pueden cursar sin síntomas o manifestarse de forma tardía, lo que favorece que continúen transmitiéndose sin que las personas afectadas sean conscientes de ello.
Las ITS y el mundo liberal: desmontando mitos
Llegados a este punto, me gustaría volver sobre una idea fundamental: tener múltiples parejas sexuales no convierte automáticamente a una persona en irresponsable ni aumenta inevitablemente el riesgo de contraer una infección de transmisión sexual.
La evidencia y la experiencia clínica nos muestran que el verdadero factor diferencial no es la cantidad de parejas, sino las conductas de prevención que acompañan a esos encuentros.
De hecho, una de las cosas que más valoro del mundo liberal y de las no monogamias éticas es que, cuando existe una cultura de comunidad saludable, suelen darse conversaciones que en otros contextos continúan siendo un tabú: hablar sobre límites, consentimiento, pruebas diagnósticas, métodos de protección o acuerdos relacionales.
Sin embargo, también he observado algunas situaciones preocupantes que merecen una reflexión colectiva. En determinados espacios se ha normalizado la idea de que si una persona tiene buen aspecto físico, parece sana o afirma realizarse controles periódicos, ya no es necesario utilizar barreras de protección. Otras veces, la búsqueda del placer inmediato, la presión grupal o el consumo de sustancias hacen que se relajen medidas que inicialmente sí estaban contempladas.
La confianza es importante, pero la prevención lo es aún más.
Las infecciones de transmisión sexual no distinguen entre personas monógamas, liberales, swingers o practicantes de cualquier otro modelo relacional. Tampoco distinguen por edad, nivel educativo o experiencia sexual. Lo único que marca una diferencia real son los hábitos de autocuidado, la información disponible y la capacidad para tomar decisiones conscientes.
Por eso considero que el mundo liberal tiene una oportunidad extraordinaria para convertirse en un referente de responsabilidad sexual. No basta con defender la libertad de vivir la sexualidad de formas diversas; también debemos defender una cultura del cuidado que proteja tanto nuestro bienestar como el de las personas con las que compartimos intimidad.
Los datos hablan por sí solos
La situación actual en España refleja claramente la necesidad de reforzar la educación y la prevención:
| Infección de transmisión sexual | Casos registrados en España (2024) |
|---|---|
| Clamidia | 41.918 |
| Gonorrea | 37.257 |
| Sífilis | 11.930 |
| Linfogranuloma venéreo (LGV) | 1.996 |
Más de 93.000 diagnósticos registrados en un solo año deberían hacernos reflexionar. No desde el miedo ni desde el juicio moral, sino desde la responsabilidad compartida.
Reflexión final
Hablar de sexualidad responsable no significa limitar el placer. Todo lo contrario: significa crear las condiciones necesarias para disfrutar con mayor tranquilidad, seguridad y libertad.
Invertimos tiempo en aprender sobre nutrición, ejercicio físico, desarrollo personal o salud emocional, pero con frecuencia descuidamos nuestra educación sexual una vez alcanzada la edad adulta. Sin embargo, la sexualidad sigue evolucionando a lo largo de toda la vida, y también deberían hacerlo nuestros conocimientos y habilidades para gestionarla de forma saludable.
Buscar información de calidad, acudir a profesionales especializados, realizarse pruebas periódicas y mantener conversaciones honestas con nuestras parejas no son señales de preocupación excesiva; son manifestaciones de madurez, autocuidado y respeto hacia los demás.
La libertad sexual y la responsabilidad no son conceptos opuestos. Son compañeros inseparables de viaje.
Porque cuidarnos no es solamente protegernos a nosotros mismos.
Cuidarnos es también proteger a todas las personas con las que elegimos compartir nuestra intimidad.
Gret De Lou Zamudio
Sexóloga · Terapeuta de Pareja · Escritora · Experta en BDSM y No Monogamias Éticas
“La sexualidad es el parque de atracciones que tenemos los adultos. Cuanto mejor conocemos las normas de seguridad, más libremente podemos disfrutar del viaje.”

Comentarios