¿Y si las no monogamias también tuvieran su lugar en el Orgullo?

El pasado fin de semana asistí por tercera vez al Orgullo de Madrid y, una vez más, regresé a casa con el corazón lleno.

La emoción comenzó desde el primer instante. La marcha arrancó acompañada por un grupo de mexicanos y sentí cómo dos partes importantes de mi identidad se encontraban en el mismo lugar. Las batucadas resonaban en el pecho, las calles estaban llenas de color y, allá donde miraba, encontraba personas celebrando la libertad de ser quienes son.

Como cada año, hubo momentos que me emocionaron profundamente. Carteles de personas agradeciendo haber encontrado un país donde vivir sin miedo, no solo eso, sino vivir su orientacion sin esconderla. Familias ofreciendo apoyo a quienes habían sido rechazados. Personas mayores compartiendo espacio con nuevas generaciones. Parejas caminando de la mano y besándose sin esconderse, niños pintando arcoíris al lado de sus padres.

Uno de los mensajes que más me conmovió fue el de una joven que agradecía a España haberla acogido cuando en su país había sido rechazada por ser quien era. Otro, sostenido por un grupo de familias, recordaba que cuando una familia rechaza, siempre puede existir otra dispuesta a abrazar y acompañar y es que muchas veces tenemos que aprender a crear familia.

Al final, eso es precisamente lo que representa el Orgullo: una celebración de la diversidad, pero también de la comunidad, la aceptación y la libertad.

Este año disfruté especialmente viendo la representación de colectivos fetish y rubber. Me alegró comprobar que cada vez existen más espacios para expresar identidades, deseos y formas de vida diversas. Sin embargo, mientras observaba la marcha, no pude evitar hacerme una pregunta.

Si el Orgullo celebra la diversidad, ¿por qué las no monogamias éticas no tienen presencia visible dentro de la marcha?

Quizá porque muchas personas siguen asociando las relaciones abiertas, el poliamor o el intercambio de pareja a estereotipos que poco tienen que ver con la normatividad. Quizá porque todavía existe cierto miedo a visibilizar una orientación relacional diferente. O quizá porque simplemente aún no hemos dado el paso de organizarnos y ocupar ese espacio.

Lo cierto es que esta reflexión me acompaña desde hace años y volvió a hacerse presente mientras caminaba entre más de un millón de personas celebrando la diversidad en las calles de Madrid, en la que una parte de mí todavía no se veía representada.

Diversidad sexual y diversidad relacional: no son lo mismo

Cuando hablamos del Orgullo solemos pensar inmediatamente en orientación sexual e identidad de género. Sin embargo, existe otra dimensión de la diversidad humana que todavía recibe mucha menos atención: la orientación relacional.

La orientación sexual hace referencia a quién nos atrae emocional, afectiva o sexualmente. Hablamos entonces de personas heterosexuales, homosexuales, bisexuales, pansexuales, asexuales y muchas otras formas de vivir la atracción y el deseo.

La orientación relacional, en cambio, hace referencia a cómo elegimos construir nuestros vínculos afectivos y de pareja.

Durante décadas hemos asumido que la monogamia era la única forma posible de relacionarse. Sin embargo, cada vez más personas descubren que existen otras formas de construir relaciones de manera ética, consensuada y responsable.

Bajo el paraguas de las no monogamias éticas encontramos modelos tan diversos como las relaciones abiertas, el poliamor, la anarquía relacional, la polifidelidad o el intercambio de pareja, entre otros.

Y del mismo modo que hoy entendemos que la diversidad sexual no es una moda ni una elección caprichosa, muchas personas describen su orientación relacional como una forma profundamente coherente de vivir sus vínculos y su afectividad.

Por supuesto, no todas las personas tienen que compartir esta forma de entender las relaciones. Tampoco todas las personas tienen la misma orientación sexual. Precisamente ahí reside la riqueza de la diversidad.

onSwingers Gret de Lou - ¿Y si las no monogamias también tuvieran su lugar en el Orgullo?

La cuestión no es que todas las personas vivan igual ¿Pero cómo puede haber diversidad si no se conoce que existe?

La cuestión es que todas las personas puedan vivir de forma auténtica, sin estigma ni discriminación, siempre que sus relaciones estén basadas en el consentimiento, la honestidad y el respeto.

Si algo nos enseña el Orgullo es que la libertad no debería limitarse únicamente a cómo amamos, sino también a cómo elegimos construir nuestros vínculos.

La importancia de la visibilidad

La visibilidad importa.

Importa porque aquello que no se ve suele ser malinterpretado.

Porque aquello que no se nombra suele permanecer rodeado de prejuicios, o simplemente, como ya lo he dicho, no se conoce.

Y porque muchas personas descubren que no están solas cuando encuentran referentes, comunidades y espacios donde reconocerse.

Quizá las no monogamias éticas no formen parte oficialmente de las siglas del colectivo LGBTQ+, y seguramente este sea un debate complejo con diferentes opiniones. Sin embargo, resulta difícil negar que compartimos algunas experiencias comunes: la necesidad de explicar constantemente nuestros vínculos, los prejuicios sociales, los estereotipos y, en ocasiones, la sensación de no encajar dentro de los modelos relacionales considerados normativos.

No se trata de comparar luchas ni de apropiarse de espacios que pertenecen a otros colectivos.

Se trata de reflexionar sobre si la diversidad relacional también merece una mayor visibilidad dentro de aquellos espacios que celebran la libertad de vivir, amar y relacionarse de maneras diferentes a las consideradas tradicionales.

Personalmente, creo que la orientación relacional también forma parte del gran abanico de la diversidad humana, precisamente nunca me ha gustado etiquetarlo dentro de la eróticas alternativas, porque para mí nuestra identidad relacional no se elige, se lleva dentro.

Y creo que muchas personas que viven relaciones abiertas, practican el poliamor o forman parte del mundo swinger podrían sentirse representadas en una marcha que precisamente celebra la libertad de ser quienes somos.

Una conversación que merece abrirse por aquí

Mientras regresaba a casa, escuché a unas chicas comentar lo bonito que era poder salir juntas con sus parejas sin esconderse…Sonreí mucho en el tren…

Porque, al final, eso es exactamente lo que buscamos todos: poder vivir con autenticidad, sin miedo al juicio y sin necesidad de ocultar quiénes somos o cómo elegimos construir nuestras relaciones. Por eso me imaginé viviendo nuestra identidad con Libertad, no son los clubes o a través de fiestas privadas, sino en la vida cotidiana.

Por eso me gustaría lanzar una pregunta a toda la comunidad de OnSwingers:

¿Creéis que las no monogamias éticas deberían tener una presencia más visible dentro del Orgullo?

¿Os sentiríais representados por un grupo específico de no monogamias éticas dentro de la marcha?

¿Participaríais si organizáramos una representación para el Orgullo de 2027?

Quizá ha llegado el momento de dejar de preguntarnos por qué no estamos y empezar a preguntarnos qué podemos hacer para estar.

Os leo en comentarios.

Gret de Lou
Sexóloga · Terapeuta de Pareja · Escritora · Especialista en BDSM y No Monogamias Éticas 🏳️‍🌈💜

“La diversidad no consiste únicamente en aceptar aquello que comprendemos. También implica respetar aquello que, aun siendo diferente a nuestra forma de vivir, nace desde la libertad, el consentimiento y el respeto.”

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El alarmante aumento de las infecciones de transmisión sexual: una llamada urgente a la responsabilidad sexual

Hola, mis queridos Onfollowers:

El motivo de este post es sumamente importante. Me preocupa y, al mismo tiempo, me hace sentir una gran responsabilidad de implicación para poner atención sobre este tema. En la última década se ha observado un aumento significativo de las infecciones de transmisión sexual (ITS) en la Unión Europea, destacando también los datos registrados en España.

El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) ha mostrado cifras alarmantes: desde 2015 se ha producido un incremento del 303 % en los casos de gonorrea y una duplicación de los diagnósticos de sífilis.

Como siempre he defendido, las personas del ambiente liberal no somos las culpables de esta situación. De hecho, dentro de las no monogamias éticas suele existir una preocupación especial por el cuidado, la prevención y la responsabilidad compartida. No obstante, más adelante destacaré algunos aspectos que he observado en clubes y espacios liberales. Antes de ello, me gustaría hablar de las causas generales que señalan los expertos.

Causas del repunte según expertos sanitarios y análisis del ECDC

  • Menor uso del preservativo, especialmente entre jóvenes y en encuentros sexuales casuales.
  • Cambios sociales, con un aumento del número de parejas sexuales y el impacto de las aplicaciones de citas.
  • Diagnóstico tardío o inexistente. La reducción de los cribados preventivos ha provocado que muchas infecciones pasen desapercibidas y continúen transmitiéndose.

A continuación, analizaré estos tres puntos desde mi perspectiva profesional, mi experiencia en consulta y la observación realizada a lo largo de mi práctica.

Es una realidad que el preservativo ha dejado de utilizarse en gran medida. Aunque las estadísticas suelen señalar principalmente a la población joven, yo observo esta tendencia en una franja de edad mucho más amplia, desde los treinta años hasta los cincuenta y más. En este caso me refiero específicamente al ambiente liberal.

Lamentablemente, muchas personas deciden otorgar un supuesto «voto de confianza» cuando alguien afirma estar sano. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. En otros casos, el consumo de sustancias, ya sea alcohol u otras drogas, dificulta mantener una atención plena sobre los juegos y prácticas que se están llevando a cabo. Esto puede favorecer un consentimiento más flexible, una disminución de la capacidad de negociación y una pérdida de atención respecto a los propios límites y medidas de protección.

Desde mi perspectiva, uno de los fenómenos que más confusión ha generado —a pesar de tratarse de una herramienta extraordinariamente valiosa para la prevención del VIH— es la llegada de la PrEP (profilaxis preexposición). Se trata de un tratamiento altamente eficaz para personas sin VIH que tienen riesgo de exposición al virus. Sin embargo, no protege frente a otras infecciones de transmisión sexual.

Conozco numerosos casos de personas que consideran que tomar PrEP les exime de utilizar preservativo y les permite mantener relaciones sin barreras de protección. Algunas incluso expresan con orgullo que la utilizan precisamente para poder hacerlo con mayor libertad. Es aquí donde considero que estamos ante una interpretación errónea y peligrosa. Quizá no perciban el riesgo para sí mismas, pero sí están aumentando el riesgo de transmisión para todas las personas con las que se relacionan.

En cuanto a los cambios sociales y al aumento del número de parejas sexuales, es innegable que las aplicaciones de citas han transformado la forma de relacionarnos. Han facilitado el acceso a encuentros con distintos objetivos, no necesariamente centrados en el sexo casual. Sin embargo, aunque algunos estudios relacionan esta realidad con el aumento de las ITS, esto no debería convertirse en una causa directa del problema. El número de parejas no es, por sí mismo, el factor determinante; lo es la ausencia de medidas preventivas. El preservativo debería seguir siendo un requisito básico e innegociable cuando no existe un acuerdo explícito sustentado en pruebas diagnósticas recientes y confianza mutua.

Respecto al diagnóstico, nos encontramos ante una problemática importante. En mi libro dedico un capítulo completo a las infecciones de transmisión sexual y a la importancia de realizar analíticas periódicas, idealmente cada tres meses, en personas sexualmente activas dentro del mundo swinger o liberal, incluso cuando utilizan barreras de protección.

Todavía existe una importante carencia de educación sexual, y no solamente entre niños y adolescentes. Los adultos también necesitamos actuar con mayor responsabilidad y conocimiento. Muchas infecciones de transmisión sexual pueden cursar sin síntomas o manifestarse de forma tardía, lo que favorece que continúen transmitiéndose sin que las personas afectadas sean conscientes de ello.

Las ITS y el mundo liberal: desmontando mitos

Llegados a este punto, me gustaría volver sobre una idea fundamental: tener múltiples parejas sexuales no convierte automáticamente a una persona en irresponsable ni aumenta inevitablemente el riesgo de contraer una infección de transmisión sexual.

La evidencia y la experiencia clínica nos muestran que el verdadero factor diferencial no es la cantidad de parejas, sino las conductas de prevención que acompañan a esos encuentros.

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De hecho, una de las cosas que más valoro del mundo liberal y de las no monogamias éticas es que, cuando existe una cultura de comunidad saludable, suelen darse conversaciones que en otros contextos continúan siendo un tabú: hablar sobre límites, consentimiento, pruebas diagnósticas, métodos de protección o acuerdos relacionales.

Sin embargo, también he observado algunas situaciones preocupantes que merecen una reflexión colectiva. En determinados espacios se ha normalizado la idea de que si una persona tiene buen aspecto físico, parece sana o afirma realizarse controles periódicos, ya no es necesario utilizar barreras de protección. Otras veces, la búsqueda del placer inmediato, la presión grupal o el consumo de sustancias hacen que se relajen medidas que inicialmente sí estaban contempladas.

La confianza es importante, pero la prevención lo es aún más.

Las infecciones de transmisión sexual no distinguen entre personas monógamas, liberales, swingers o practicantes de cualquier otro modelo relacional. Tampoco distinguen por edad, nivel educativo o experiencia sexual. Lo único que marca una diferencia real son los hábitos de autocuidado, la información disponible y la capacidad para tomar decisiones conscientes.

Por eso considero que el mundo liberal tiene una oportunidad extraordinaria para convertirse en un referente de responsabilidad sexual. No basta con defender la libertad de vivir la sexualidad de formas diversas; también debemos defender una cultura del cuidado que proteja tanto nuestro bienestar como el de las personas con las que compartimos intimidad.

Los datos hablan por sí solos

La situación actual en España refleja claramente la necesidad de reforzar la educación y la prevención:

Infección de transmisión sexualCasos registrados en España (2024)
Clamidia41.918
Gonorrea37.257
Sífilis11.930
Linfogranuloma venéreo (LGV)1.996

Más de 93.000 diagnósticos registrados en un solo año deberían hacernos reflexionar. No desde el miedo ni desde el juicio moral, sino desde la responsabilidad compartida.

Reflexión final

Hablar de sexualidad responsable no significa limitar el placer. Todo lo contrario: significa crear las condiciones necesarias para disfrutar con mayor tranquilidad, seguridad y libertad.

Invertimos tiempo en aprender sobre nutrición, ejercicio físico, desarrollo personal o salud emocional, pero con frecuencia descuidamos nuestra educación sexual una vez alcanzada la edad adulta. Sin embargo, la sexualidad sigue evolucionando a lo largo de toda la vida, y también deberían hacerlo nuestros conocimientos y habilidades para gestionarla de forma saludable.

Buscar información de calidad, acudir a profesionales especializados, realizarse pruebas periódicas y mantener conversaciones honestas con nuestras parejas no son señales de preocupación excesiva; son manifestaciones de madurez, autocuidado y respeto hacia los demás.

La libertad sexual y la responsabilidad no son conceptos opuestos. Son compañeros inseparables de viaje.

Porque cuidarnos no es solamente protegernos a nosotros mismos.

Cuidarnos es también proteger a todas las personas con las que elegimos compartir nuestra intimidad.

Gret De Lou Zamudio
Sexóloga · Terapeuta de Pareja · Escritora · Experta en BDSM y No Monogamias Éticas

“La sexualidad es el parque de atracciones que tenemos los adultos. Cuanto mejor conocemos las normas de seguridad, más libremente podemos disfrutar del viaje.”

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Decir “sí” al deseo: conciencia, límites y exploración en la sexualidad

En el artículo anterior hablábamos sobre cómo el “sí a todo” puede convertirse tanto en una oportunidad de expansión como en una forma de desconectarnos de nosotros mismos cuando vivimos desde la exigencia, el agotamiento o la necesidad constante de demostrar que podemos con todo.

Pero esta reflexión no solo pertenece a nuestra vida cotidiana. También atraviesa profundamente nuestras relaciones, nuestra manera de vincularnos y nuestra sexualidad.

Y quizá aquí es donde el tema se vuelve todavía más importante.

Porque dentro de la sexualidad muchas veces se habla de apertura, de experimentar, de atreverse o de “salir de la zona de confort”, pero pocas veces se habla de algo esencial: la conciencia desde la que nace ese sí.

Yo suelo decir que la sexualidad es el parque de atracciones que tenemos los adultos.

Y igual que sucede en un parque de atracciones, no todas las personas desean subir a las mismas experiencias. Hay quien disfruta la montaña rusa y hay quien siente auténtico terror solo de imaginarla. Y eso no convierte a nadie en alguien aburrido, limitado o menos válido, además hablando de la experiencia compartida, ya habrá otras atracciones a las que os podéis subir con esa persona a la que le encanta la montaña rusa.

Podemos tener límites duros. Podemos descubrir que ciertas prácticas simplemente no son para nosotros. Y no tenemos que acceder a algo únicamente porque otras personas lo hagan o porque parezca que “deberíamos” disfrutarlo.

Sin embargo, también es verdad que muchas veces el miedo no nace del límite real, sino del desconocimiento, de los tabúes o de la falta de información.

Y ahí aparece algo muy importante: la curiosidad.

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Porque una cosa es no querer algo de manera consciente, y otra muy distinta es no permitirnos explorar jamás aquello que nos despierta curiosidad simplemente porque nos da miedo.

Especialmente dentro de las eróticas alternativas o las prácticas BDSM, es completamente normal que aparezca cierta inseguridad. Al final, estamos hablando de experiencias intensas, desconocidas y profundamente emocionales. De hecho, muchas veces digo que el BDSM puede parecer el deporte de alto riesgo de la sexualidad.

En el ambiente liberal sucede lo mismo, para algunos ha sido fácil abrirse a conocer nuevas experiencias de forma individual, otros quizá le habéis dado muchas vueltas, más cuando han decidido abrir la pareja, pero haciéndolo poco a poco, con los pasos adecuados, y con un sí auténtico y desde la conciencia esas experiencias comienzan a sumar.

Y precisamente por eso necesita información, acompañamiento, comunicación y consentimiento.

Cuando las cosas se hacen poco a poco, desde el cuidado, la guía y la escucha mutua, el miedo puede transformarse en descubrimiento, juego y placer consciente.

Porque explorar no significa lanzarse al vacío sin límites. Explorar significa permitirnos experimentar observándonos constantemente.

Y aquí hay algo que considero fundamental: haber dicho sí no nos obliga a continuar.

No tenemos que terminar una práctica, una dinámica, una experiencia, una relación o incluso una fiesta solo porque en algún momento dijimos que sí.

Podemos parar.

Podemos cambiar de opinión.

Podemos descubrir que aquello no era para nosotros.

Podemos retirarnos cuando dejemos de sentirnos cómodos, presentes o a gusto.

Y creo que muchas personas no se permiten experimentar precisamente porque sienten que, una vez abierto el juego, ya no existe marcha atrás.

Pero una sexualidad sana y consciente siempre deja espacio para el no, incluso después del sí.

Esto aplica tanto para mujeres como para hombres. Porque aunque históricamente muchas conversaciones sobre presión sexual se han centrado en las mujeres, la realidad es que muchísimos hombres también atraviesan situaciones donde pasan por encima de sus propios límites por miedo a no encajar, a decepcionar, a parecer inseguros o a no cumplir determinadas expectativas sexuales o sociales.

Y ahí el problema deja de ser el deseo para convertirse en complacencia.

Por eso creo que debemos preguntarnos constantemente:

¿Estoy diciendo sí desde la curiosidad y el placer… o desde la presión, la validación y el miedo a no ser suficiente?

Porque no es lo mismo explorar para descubrirnos que hacerlo para pertenecer.

No es lo mismo abrirse al deseo que traicionarse a uno mismo para agradar a otros.

El verdadero sí nace cuando existe escucha interna, libertad y capacidad de elección.

Y curiosamente, muchas veces un no consciente también puede convertirse en una de las formas más honestas de decirnos sí a nosotros mismos.

Porque una sexualidad plena no consiste en hacerlo todo.

Consiste en vivir nuestras experiencias desde la autenticidad, el consentimiento y el disfrute real.

Quizá el verdadero “sí a todo” no signifique aceptar cualquier experiencia sin filtro, sino atrevernos a explorar la vida, las relaciones y el deseo desde la conciencia, la curiosidad y el profundo respeto hacia nosotros mismos.

Besos y hasta la próxima

— Gret De Lou Zamudio

Sexóloga · Terapeuta de pareja · Escritora · Especialista en BDSM y diversidad erótica

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Cuando decir “sí a todo” deja de ser libertad

Durante mucho tiempo pensé que decir sí a todo era sinónimo de oportunidades, de crecimiento y hasta de éxito personal. Sentía que ser esa persona que siempre estaba disponible, que participaba en todo y parecía poder con todo, me hacía destacar. No solo decía sí a todo… estaba en todo.

Quizá también tenía que ver con el ego. Con esa sensación de creerme capaz de sostenerlo todo, de llegar a todos lados, de no perderme ninguna experiencia, ninguna oportunidad ni ninguna persona importante que pudiera aparecer en el camino.

Y es verdad que gracias a muchos de esos sí conocí personas increíbles, viví oportunidades laborales maravillosas y construí relaciones profundamente significativas. Muchos de esos sí me expandieron, me hicieron crecer y me llevaron a lugares que jamás habría imaginado.

Pero también hubo una época en la que algunos de esos sí comenzaron a desbordarme. Me saturaban, me agotaban y, poco a poco, empezaron a robarme tiempo de calidad con mi familia, con mis seres queridos y, sobre todo, conmigo misma.

Ahí entendí algo importante: a veces decir sí a todo también implica renunciar a otros sí igual de valiosos. Como el sí al descanso, al autocuidado, a la calma o simplemente a escucharnos de verdad.

Vivimos en una cultura que muchas veces glorifica el estar ocupados, disponibles y constantemente abiertos a más. Más planes, más trabajo, más personas, más experiencias. Como si el valor de nuestra vida dependiera de cuánto somos capaces de abarcar.

onSwingers Gret de Lou - Cuando decir “sí a todo” deja de ser libertad

Y durante mucho tiempo yo misma confundí el movimiento constante con plenitud.

Creía que aprovechar la vida significaba no perder ninguna oportunidad, estar presente en cada proyecto, en cada propuesta, en cada experiencia nueva. Pero con el tiempo descubrí que el verdadero problema no era decir sí, sino olvidarme de preguntarme desde dónde nacía ese sí.

Porque no es lo mismo decir sí desde el deseo auténtico que hacerlo desde el miedo a perder oportunidades, desde la necesidad de validación o desde la sensación de tener que demostrar constantemente que podemos con todo.

Y creo que muchas personas viven exactamente eso sin darse cuenta.

Nos convertimos en expertos en sostener agendas imposibles, relaciones agotadas y responsabilidades infinitas, mientras dejamos para el final las cosas más importantes: descansar, disfrutar, compartir tiempo de calidad o simplemente sentirnos en paz.

Paradójicamente, algunos de los sí que más nos hacen sentir exitosos por fuera pueden terminar desconectándonos profundamente por dentro.

Y quizá por eso esta reflexión comenzó a removerme tanto.

Porque entendí que la vida no siempre necesita más intensidad, más ruido o más productividad. A veces necesita más presencia. Más consciencia. Más honestidad con nosotros mismos.

Hace unos meses, en una conversación profundamente especial con mi querido amigo y maestro, el doctor Carlos de la Cruz, me llevé una de las reflexiones más importantes de mi vida.

En medio de uno de los momentos más difíciles, al final de su enfermedad, me dijo algo que todavía resuena dentro de mí:

“Amiga, es maravilloso todo lo que haces y las oportunidades que estás teniendo. Solo quiero que me prometas una cosa: que lo que hagas, lo hagas porque realmente lo disfrutas. Quítate todas las cosas que te generen estrés, porque al final no merece la pena.”

Y creo que nunca había entendido tan profundamente el valor de elegir dónde ponemos nuestra energía, nuestro tiempo y nuestra presencia.

A veces vivimos atrapados en la idea de que tenemos que estar en todo, aprovecharlo todo y poder con todo. Pero con el tiempo he comprendido que una vida llena de sí automáticos también puede alejarnos de nosotros mismos.

Hoy sigo creyendo en los sí.
En los sí que expanden, que emocionan, que conectan y que transforman.

Pero también creo profundamente en los sí conscientes.
En esos que nacen del deseo auténtico, de la calma y del disfrute real.

Porque quizá la verdadera plenitud no está en hacerlo todo… sino en vivir de verdad aquello que elegimos vivir.

Y curiosamente, con el tiempo también entendí que esta reflexión no solo atravesaba mi forma de vivir… sino también mi forma de amar, de relacionarme y de explorar mi sexualidad.
Ahora, por cierto, quizá os estaréis preguntando qué tiene que ver todo esto con la sexualidad, las relaciones o las eróticas alternativas.

Y la realidad es que tiene absolutamente todo que ver.

No podemos separar al ser humano de aquello que vive en su día a día, de la manera en la que se relaciona consigo mismo, del estrés que sostiene, de la forma en la que ama, se vincula o aprende a disfrutar de la vida.

Todo aquello que sucede fuera de la cama termina entrando también en nuestra sexualidad.

La saturación, el agotamiento, la autoexigencia, la necesidad de cumplir constantemente, la desconexión con nosotros mismos o incluso la incapacidad de escucharnos, terminan afectando inevitablemente la manera en la que nos relacionamos afectiva y sexualmente.

Y precisamente por eso, en consulta, muchas veces trabajamos primero en reconducir todas esas áreas de la vida cotidiana para que después pueda existir una sexualidad más plena, consciente y disfrutada.

Porque una sexualidad sana no empieza únicamente en el cuerpo. También empieza en la manera en la que habitamos nuestra vida.

Y quizá por eso el “sí a todo” también merece ser reflexionado dentro de nuestras relaciones, nuestros vínculos y nuestras formas de explorar el deseo.

Pero esa parte… merece un artículo aparte.

Así que no os perdáis la segunda parte de esta reflexión, donde hablaremos del “sí a todo” dentro de las relaciones, la exploración erótica y las prácticas alternativas.

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¿Qué quieres vivir este verano? El ritual de Litha para atraerlo

¡Por fin llega el verano, queridos onFollowers! Dejamos atrás la melancolía invernal y las alergias de la primavera. Aunque, en lo personal, la primavera es una de mis épocas favoritas del año porque resulta muy creativa, el verano nos invita a muchos a desconectar, descansar y, por qué no, aprovechar para expandir nuestra erótica y sexualidad, disponiendo de más tiempo para dedicarnos a nosotros mismos.

Estamos en el clímax energético del año: una época muy potente en la que el sol alcanza su punto más alto. Es momento de celebrar todo el amor que hemos dado, los obstáculos que hemos superado durante este ciclo y reconocer el esfuerzo realizado durante los últimos meses.

Siempre he tenido la sensación de que aquí, en España, termina un ciclo,o prácticamente un año, antes de las merecidas vacaciones de verano, y que septiembre se convierte en el momento de plantearnos nuevos comienzos.

En este nuevo ciclo que comienza, os invito a despojaros de todo aquello que hemos ido guardando y que ahora nos estorba para vivir este verano con libertad. Y no me refiero solo a las cosas materiales, sino también a todo lo que hemos dejado pendiente por falta de tiempo en relación con la alegría, el disfrute y la diversión.

¿Os habéis empezado a plantear qué aventura nueva os aguarda este verano? No me refiero únicamente a planificar las vacaciones, sino a pensar realmente en experiencias nuevas que queráis vivir.

¿Qué queréis seguir nutriendo en vuestro desarrollo personal y en vuestras relaciones afectivas?

Pues hoy os voy a proponer un ritual. Adoro los ritos de paso porque nos ayudan a dar comienzo a nuevas etapas y nuevas estaciones.

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Preparando el espacio de Litha

Los colores que reinan en esta estación y con los que podéis decorar un espacio o altar son el rojo, el naranja, el amarillo y el dorado. Podéis utilizar velas y flores para crear una atmósfera cálida y luminosa.

Podéis preparar una celebración especial conectando con la naturaleza: caminar descalzos, bañaros, visitar un río o un lago si tenéis acceso a uno, o simplemente disfrutar de una piscina. Incluso en casa podéis preparar un baño fresco y relajante.

Con vuestra pareja o con amigos podéis salir a tomar un vino por la tarde en una pradera o en un parque. Vestíos con esos colores veraniegos que simbolizan la energía expansiva de esta época del año.

Por la noche, os recomiendo encender una hoguera, aunque sea algo pequeño y seguro en casa, y conseguir hierba de San Juan y pétalos de rosa.

Ritual de liberación y siembra

Toma una hoja de papel y escribe todo aquello que deseas dejar atrás: miedos, inseguridades, relaciones que ya han cumplido su función, creencias limitantes, expectativas que pesan demasiado o cualquier situación que sientas que te impide avanzar con ligereza.

Dobla el papel y quémalo de forma segura mientras observas cómo el fuego transforma aquello que ya no necesitas. Permítete agradecer cada experiencia, incluso las más difíciles, porque todas ellas te han traído hasta aquí.

Después llega el momento de sembrar.

Ritual individual: encender el deseo propio

Si este verano lo vas a disfrutar contigo mismo o contigo misma, te propongo un ritual de reconexión con tu propia erótica.

Prepara un espacio agradable. Enciende una vela, coloca flores o elementos de la naturaleza que hayas recogido durante el día y escribe en una nueva hoja tres experiencias que te gustaría vivir este verano. No tienen por qué ser experiencias sexuales; pueden ser aventuras, aprendizajes, encuentros o simplemente emociones que deseas sentir.

Escribe también tres cualidades que deseas cultivar en ti: más libertad, más confianza, más espontaneidad, más placer o más presencia.

Guarda esa hoja en un lugar especial y dedica unos minutos a recorrer tu cuerpo con aceite o crema aromática. Hazlo lentamente, prestando atención a las sensaciones y agradeciendo todo lo que tu cuerpo te permite vivir cada día.

Este gesto sencillo es una forma de recordar que el primer vínculo erótico que cultivamos es el que mantenemos con nosotros mismos.

Ritual en pareja: compartir la luz

Si compartes tu vida con una pareja, este ritual puede transformarse en una ceremonia de conexión y complicidad.

Cada persona escribirá por separado tres cosas que agradece de la relación, tres momentos compartidos que desea repetir y tres experiencias nuevas que le gustaría explorar durante este verano.

Después, intercambiad los papeles y leedlos en voz alta.

No se trata de negociar ni de prometer nada. Se trata de escuchar, descubrir y recordar que las relaciones también necesitan espacios para crecer y reinventarse.

Podéis terminar compartiendo una copa de vino, un baño, un masaje o simplemente un abrazo largo bajo las estrellas.

Porque el verdadero espíritu de Litha no consiste únicamente en celebrar la luz que brilla en el cielo, sino también la que somos capaces de encender en nuestro interior y compartir con quienes amamos.

Feliz Solsticio de Verano.

Que este nuevo ciclo os encuentre más libres, más conscientes y más conectados con vuestro deseo de vivir.

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