La sexualidad: la gran olvidada en el abordaje del cáncer
Hola queridos followers, el día de hoy os traigo un Post que quizá no están lúdico y recreativo, pero resulta de vital importancia darle visibilidad, ya que lamentablemente es una terrible enfermedad que cada día nos aqueja más, y que estoy segura que todos conocéis a alguien cercano que lo padece, lo ha padecido o inclusive lo habéis vivido en vuestras propias carnes.
Cada año, el Día Mundial del Cáncer nos invita a reflexionar sobre la prevención, los tratamientos, la investigación y el acompañamiento emocional de las personas diagnosticadas. En los últimos años, es innegable que se han producido avances importantes en el apoyo psicológico, en la creación de redes de sostén y en una mirada más humana hacia quienes atraviesan la enfermedad.
Sin embargo, dentro de este enfoque cada vez más integral, hay un aspecto que continúa quedando en segundo plano inclusive la gran olvidada: la sexualidad.
Y no porque deje de existir, sino porque rara vez se nombra, se pregunta o se acompaña de forma explícita, tanto en mujeres como en hombres.
Cuando la enfermedad irrumpe en el cuerpo… y en la erótica
El cáncer y sus tratamientos impactan de manera profunda en el cuerpo, la identidad y la percepción de uno mismo. Cambios hormonales, fatiga, dolor, alteraciones en la imagen corporal, disfunciones sexuales, pérdida o modificación del deseo, miedo al rechazo o a no reconocerse en el propio cuerpo son experiencias frecuentes, independientemente del género.
En los hombres, por ejemplo, siguen siendo poco visibles las dificultades relacionadas con la erección, la eyaculación, la autoestima o el rol sexual, muchas veces atravesadas por el mandato del silencio y la exigencia de fortaleza, que inclusive se le sigue vinculando como una figura de soporte y de sostén, que no se permite flaquear, sufrir o mostrar debilidad.
Ante todo esto, la sexualidad suele reducirse a una cuestión funcional:
¿se puede o no se puede tener relaciones sexuales?
¡Pero la sexualidad no se limita al coito! En cuanto a esto se refiere, seguramente dependerá de cada caso, de los tratamientos, de las reacciones secundarias o adversas, por supuesto de la libido, pero estamos hablando de que queremos desviar la atención del coito hacia la erótica, y hacia el acercamiento.
Es contacto, intimidad, afecto, comunicación, juego, presencia, fantasía y vínculo.
Cuando esta mirada amplia no forma parte del acompañamiento, muchas personas viven su erótica desde la culpa, la desconexión o la renuncia, como si el placer dejara de ser legítimo durante la enfermedad.
Es entendible es que dentro del mundo liberal puede existir un alejamiento y un periodo de desconexión e introspección, pero que no invalida otras formas de erótica y sexualidad.
Sexualidad también es salud
Acompañar la sexualidad durante el proceso oncológico no es algo accesorio ni superficial. Es una parte esencial del cuidado integral, que también forma parte de la salud física, emocional y mental.
La vivencia consciente de la intimidad y el placer:
- Favorece la liberación de endorfinas
- Ayuda a reducir el estrés y la ansiedad
- Refuerza los lazos afectivos
- Permite reconectar con el cuerpo desde un lugar más amable
- Ofrece espacios de descanso mental y emocional en medio de procesos muy exigentes
En este contexto, las eróticas alternativas, que pueden ser el Bdsm, el Shibari, pero también las caricias, masaje, juego sensorial, exploración sin objetivos, erotismo sin exigencia de rendimiento pueden convertirse en una vía especialmente valiosa para seguir habitando el deseo sin presión ni expectativas normativas.
Verdaderamente las posibilidades son infinitas, solamente es cuestión de ampliarlo y explorarlo de la mano de profesionales que nos brinden acompañamiento y una guía.
Acompañar también a las parejas
El cáncer no se vive en soledad. Las parejas también atraviesan miedos, silencios, cambios en la dinámica íntima y dificultades para comunicarse sobre el deseo, el rechazo o la inseguridad. De hecho muchas veces el cáncer trastoca de una manera muy importante a la pareja, quien se encuentra totalmente desbordada, cansada, evidentemente con miedos y viviendo un mundo muy duro e incomprensible en donde no sabe cómo y con quien desahogarse y muchas veces buscando vías de escape que lejos de beneficiarle pueden producir más ansiedad.
Por eso, el acompañamiento sexual no debería centrarse solo en la persona diagnosticada, sino incluir también a sus parejas, ofreciendo herramientas para:
- Hablar de los cambios sin culpa
- Redefinir la intimidad
- Sostener el vínculo afectivo
- Evitar que la sexualidad se convierta en un territorio de distancia o sufrimiento
Hablar de sexualidad en estos contextos no trivializa la enfermedad: la humaniza.
Hacia un verdadero enfoque multidisciplinar
Aunque el apoyo psicológico ha ganado espacio —y es un avance fundamental—, la sexualidad sigue sin integrarse de forma sistemática en muchos abordajes oncológicos.
Nombrarla, validarla y acompañarla es reconocer que el deseo no desaparece con un diagnóstico: se transforma.
Y merece ser escuchado, cuidado y sostenido, tanto en mujeres como en hombres y por supuesto como lo he mencionado en la pareja.
Recordemos que anular la sexualidad también termina por repercutir en el vínculo afectivo y emocional.
Porque ante todo el placer también es salud.
Porque el cuerpo sigue siendo erótico incluso en la enfermedad.
Y porque lo mas bonito es que una sexualidad acompañada puede convertirse en un ancla de bienestar y conexión en medio de uno de los procesos más duros y desafiantes de la vida.
Un abrazo
Gret de Lou

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