Microbiota y salud sexual: mucho más relacionadas de lo que te imaginas.
Feliz fin de semana, queridos followers.
Ahora que comienza el verano, quiero empezar a hablaros de pequeños grandes cambios que podemos hacer en nuestra alimentación y en nuestros hábitos. Cambios que pueden mejorar significativamente nuestra salud general y, por supuesto, también nuestra salud sexual.
Y para ello, lo primero y más importante es comenzar a hablar de la microbiota, porque un microbioma equilibrado es fundamental para disfrutar de una mejor calidad de vida, incluida nuestra vida sexual.
La microbiota es el conjunto de microorganismos —bacterias, virus, hongos y arqueas— que habitan en nuestro organismo. Quizá la conozcáis mejor por el antiguo término “flora intestinal”. Otro concepto del que se habla cada vez más es el microbioma, que hace referencia al conjunto de funciones e interacciones que desempeña la microbiota dentro del organismo. Es decir, abarca tanto a los microorganismos como a su entorno y las relaciones que establecen con nuestro cuerpo.
La microbiota humana se clasifica en diferentes tipos:
- Microbiota oral.
- Microbiota del aparato respiratorio.
- Microbiota intestinal.
- Microbiota vaginal.
- Microbiota cutánea.
Todo esto no se limita únicamente a que un desequilibrio en la microbiota vaginal pueda provocar determinados problemas. Estamos hablando de algo mucho más profundo. Las investigaciones actuales relacionan numerosos problemas de salud con alteraciones en el equilibrio intestinal, afectando incluso al deseo y a la función sexual.
Sabemos que una alteración de este equilibrio, conocida como disbiosis, se asocia con diversos problemas de salud sexual, como la disminución de la libido, el síndrome de ovario poliquístico, la disfunción eréctil, problemas de fertilidad y otros trastornos relacionados.
La microbiota participa en la regulación de las hormonas sexuales, influye en los procesos inflamatorios y forma parte del conocido eje intestino-cerebro. La relación entre las hormonas y la microbiota es bidireccional.
En consulta suelo explicarlo con una pregunta clásica: ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?
Los niveles de testosterona y estrógenos pueden modificar la composición de la microbiota, pero, al mismo tiempo, determinados microorganismos implicados en el metabolismo de estas hormonas pueden influir en sus niveles circulantes.
Por eso, la microbiota puede actuar como un regulador indirecto del deseo sexual, de la excitación e incluso de la fertilidad.
Deseo sexual
La microbiota participa en la producción de neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, además de influir en el equilibrio de los estrógenos y la testosterona. Todo ello tiene una repercusión directa sobre la libido y el bienestar emocional.
Función eréctil
Uno de los motivos de consulta más frecuentes en hombres es la disfunción eréctil. Por ello, uno de los aspectos que resulta interesante valorar es la posible existencia de una disbiosis intestinal.
Cuando existe inflamación intestinal mantenida, pueden verse afectados los vasos sanguíneos, fundamentales para lograr y mantener una erección adecuada.
Salud y equilibrio vaginal
Otro punto clave es el ecosistema único del cuerpo femenino: el vaginoma.
A diferencia de la microbiota intestinal, este ecosistema es menos diverso, y precisamente ahí reside una de las claves de su equilibrio. Predominan bacterias del género Lactobacillus, responsables de mantener el pH vaginal, proteger frente a microorganismos patógenos y favorecer una adecuada lubricación.
Pero no solo la microbiota influye en la sexualidad; también la conducta sexual puede influir en la microbiota.
Este ecosistema se va moldeando en función de los contactos y prácticas sexuales. Por ejemplo, los hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres presentan perfiles microbianos específicos y diferentes. Del mismo modo, el tipo de prácticas habituales o el número de contactos sexuales pueden influir en la diversidad de microorganismos a los que cada persona se expone.
Otro caso recurrente que encuentro en consulta es el de mujeres que, tras determinados encuentros o interacciones dentro del mundo liberal, presentan de forma repetida desequilibrios vaginales importantes, en ocasiones incluso severos.
Durante mucho tiempo, el abordaje se centraba exclusivamente en medidas de higiene o tratamientos farmacológicos para infecciones como la candidiasis. Sin embargo, actualmente sabemos que un tratamiento integral, acompañado de cambios en el estilo de vida y una mejora de la microbiota, puede aportar grandes beneficios en estos casos.
Y, por supuesto, no me olvido de dos grandes temas: el ciclo menstrual y la menopausia.
Ambos merecen un artículo completo para profundizar en todos los cambios y necesidades que aparecen durante estas etapas vitales. La microbiota influye de forma muy importante en cómo se desarrollan estos procesos, pudiendo favorecer una transición más equilibrada o contribuir a problemas como el trastorno disfórico premenstrual, alteraciones del estado de ánimo, inflamación exacerbada o síntomas intensos durante la menopausia.
Sí, ya sé que os dejo con ganas de mucho más.
Seguiremos dedicando algunos artículos a este fascinante tema. Hoy solo he querido realizar una introducción general, pero en próximas publicaciones os compartiré recomendaciones prácticas para cuidar vuestra microbiota y mejorar vuestra salud sexual, hormonal y bienestar integral.
Reflexión final
Cada vez entendemos mejor que la salud sexual no depende únicamente de nuestras hormonas, emociones o relaciones. Nuestro intestino, hábitos, lo que consumimos y lo que nos rodea también tiene mucho que ver.
Cuidar la microbiota es cuidar el equilibrio del organismo entero. Es invertir en energía, bienestar, salud hormonal, salud emocional y, por supuesto, en una sexualidad más plena y satisfactoria.
Porque, a veces, los grandes cambios comienzan con pequeños microorganismos invisibles a nuestros ojos “no es suficiente con irnos únicamente a lo mental”
Bibliografía recomendada:
Cuida tus hormonas y La revolución de la microbiota, de Marta León.

Comentarios